Priscila B. y Rodrigo C.
Burgos · ella con entrevista de trabajo en Copenhague
Priscila llevaba tres semanas preparando la entrevista. Rodrigo le había hecho el bocadillo, le había planchado la camisa, le había dicho todo lo que tenía que decirle. A las 11:04 del día de la entrevista, Priscila esperaba en el vestíbulo de una oficina con ventanas de tres pisos de alto. Cogió el móvil por ansiedad. En la pantalla de bloqueo vio una foto de ella cocinando que Rodrigo había hecho sin que se diese cuenta el fin de semana pasado, con una frase escrita encima: sé que lo vas a hacer increíble, y si no también te quiero. Priscila se rio sola en el vestíbulo. Entró a la entrevista con la cara cambiada. Una semana después le dieron el trabajo. No fue por el fondo, pero también fue por el fondo.