Vídeos en la pantalla de bloqueo
Tu chico/a verá tus momentos en movimiento nada más coger el móvil. Vídeos de hasta 10 segundos que expresan lo que sientes.
Una foto congela un instante. Es maravillosa para eso: para detener el segundo en que alguien se ríe con los ojos cerrados, para guardar el ángulo exacto de una luz que ya no volverá. Pero hay cosas que la foto no sabe contar. El gesto del otro cuando se aparta el pelo. La forma en que tu perro mueve la cola al verle entrar por la puerta. El segundo y medio en que tu sobrino aprende a aplaudir. El ronroneo del mar en la cala vacía un martes a las 7:36 de la mañana. Esas microescenas no caben en un jpg. Durante años hemos confiado esos micromomentos a Reels, a TikTok, a Stories. Los hemos hecho públicos, los hemos puesto música épica, los hemos sometido a algoritmos. Y por el camino se nos ha olvidado para qué se inventó el vídeo. No para entretener a desconocidos: para enseñarle a una persona algo que con palabras no se puede. Diez segundos de movimiento dirigidos a una sola pareja, sin filtros, sin hashtag, sin métricas, son otra cosa completamente distinta. Son el regreso del vídeo a su escala íntima.
Tu chico/a verá tus momentos en movimiento nada más coger el móvil. Vídeos de hasta 10 segundos que expresan lo que sientes.
No hay notificaciones ni zumbidos. El vídeo aparece directamente en la pantalla de bloqueo, para sorprender sin molestar.
Sorprende a tu vida en el momento perfecto, aunque estéis a distancia. Programa el envío sin preocuparte del horario.
Añade animaciones y efectos con la ayuda de la inteligencia artificial para que cada fondo de pantalla diga mucho más.
Una suscripción Premium cubre a ambos, para que los dos llenéis vuestra pantalla de bloqueo de cariño y momentos compartidos.
Usa el código LOVE-XXXXXX, escanea el QR o envía una invitación remota para emparejar vuestros móviles.
Edita con texto, stickers o crea desde cero con las herramientas de AI para que tu vídeo hable con tu propio lenguaje.
Manda el vídeo al instante o programa su entrega en el momento que más le emocione, sin que tenga que abrir ninguna app.
Cada vez que coja el móvil, su pantalla de bloqueo le recordará lo mucho que le quieres con movimiento y silencio.
Tarragona ↔ Reus · noviazgo de fin de semana
Imanol vive con un border collie llamado Pala. Cuando Julieta llega los viernes, Pala se vuelve loco: brinca, gime, da vueltas. Es uno de esos rituales tontos que hacen que un piso sea un hogar. Un jueves a las 19:36, Imanol graba a Pala mirando la puerta con las orejas tiesas, esperando, y se lo manda a Julieta como video wallpaper. Diez segundos. Sin sonido. Solo el perro, la puerta cerrada y la espera. Julieta lo ve cuando sale del trabajo. Coge el coche antes de lo previsto.
Cádiz · seis años juntas, mismo barrio
Kaira es panadera. Leyre es enfermera. Sus turnos se cruzan dos veces a la semana, no más. Kaira aprovecha la primera hornada del día —a las 3:51 de la madrugada, cuando huele a masa madre y harina caliente— para grabar diez segundos del horno abriéndose. El vapor saliendo. Las hogazas brillando bajo la luz amarilla. Se lo manda a Leyre como fondo de pantalla. Cuando Leyre sale del turno de noche en el hospital y desbloquea el móvil en el ascensor, ve el horno de Kaira y le entran ganas de llorar de hambre y de cariño. No siempre puede pasar a buscarla. Pero el vídeo está ahí, esperándola, todos los días.
Jerez ↔ Bagdad · seis meses de cooperación
Nacho está destinado seis meses con una ONG sanitaria en Bagdad. Milagros se quedó en Jerez. Lo que más le pesa es no poder enseñarle el día a día normal: el patio, los geranios, la rutina. Un martes a las 14:47 hora local, Nacho recibe un video wallpaper grabado por Milagros: diez segundos de la cocina con la radio puesta de fondo, el ventilador girando, el gato dando vueltas alrededor de su bol vacío. Nada extraordinario. Exactamente eso. Nacho lo deja como fondo durante toda la semana. A veces lo único que necesitas no es una postal: es saber que la cocina sigue oliendo a casa.
El vídeo, como invento, no nació para entretener a millones. Nació para que los hermanos Lumière le enseñaran a sus amigos cómo era el tren entrando en la estación de La Ciotat. Era un gesto íntimo. 'Mira, esto es lo que vi.' Una persona enseñándole una microescena a otra persona. Tardamos un siglo en convertirlo en una industria, en un escaparate, en una métrica de visualizaciones. Y ahora, sin darnos cuenta, hemos llegado a un punto en que el vídeo ya casi solo existe en su versión espectáculo: editado, musicado, optimizado para retención, hecho para que un desconocido lo vea.
El vídeo nació para enseñarle algo a una persona, no para acumular vistas. LockLove le devuelve esa intimidad perdida.
Pero el vídeo seguía siendo, en el fondo, otra cosa. Algo más cercano. Algo que en realidad funciona mejor cuando no es público. Los diez segundos del perro esperando en la puerta no necesitan música épica. Los diez segundos del horno abriéndose no necesitan cortinilla de entrada. Los diez segundos de la cocina en silencio con el gato dando vueltas no necesitan un hook en el primer frame. Solo necesitan llegar a una persona. La que te conoce lo bastante para entender por qué le mandas eso, y no otra cosa.
Ahí es donde aparece el video wallpaper. No es un Reel. No es una Story. No tiene contador de visualizaciones. No tiene comentarios. No vive en un feed. Es un trozo de movimiento que ocupa, durante un rato, la pantalla de bloqueo de una sola persona. Y luego se va. Sin notificaciones. Sin aviso. Solo magia. Es el vídeo devuelto a su escala original: la de un Lumière enseñándole un tren a un amigo. Solo que en vez de un amigo, es la persona con la que duermes. Y en vez de un tren, es el café de la mañana, o el perro, o el mar plano. No más mensajes, sino mejores. Desde Barcelona, con cariño.
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