Cumpleaños inolvidable
Mándale un fondo con fotos vuestras y mensajes especiales justo a medianoche para arrancar su día con emoción.
WhatsApp ha matado la sorpresa sin querer. Entre el doble check azul, el escribiendo, la hora de la última conexión y las previsualizaciones que asoman en la pantalla de bloqueo antes de que hayas decidido si quieres leer, ya no queda hueco para que algo te pille desprevenido. Sabes que te han escrito antes de leer lo que te han escrito. Sabes que ha visto tu mensaje porque la app te lo ha chivado. Sabes cuándo estuvo conectado por última vez y, a veces, a qué hora se durmió. Todo está demasiado bien contado. El problema no es la tecnología, es que hemos perdido uno de los ingredientes básicos del cariño entre personas: el factor sorpresa. Lo inesperado. El gesto que aparece cuando no tocaba, sin aviso previo, sin preparar al receptor. Las parejas que duran no son las que se mandan más mensajes. Son las que consiguen, de vez en cuando, hacer aparecer algo que la otra persona no esperaba en absoluto.
Empieza emparejando tu móvil con el de tu pareja con un código LOVE-XXXXXX o escaneando un QR cuando estéis juntos, o mediante una invitación remota de 7 días.
Usa el editor creativo para personalizar fotos con textos, dibujos, stickers, emojis o GIFs que expriman lo que sientes.
Envía el fondo de pantalla a su pantalla de bloqueo. La entrega es silenciosa y no necesita que estén los dos conectados a la vez.
Tu sorpresa aparecerá en su pantalla cada vez que coja el móvil. Es un regalo que llega sin llamar la atención y con todo el detalle.
Mándale un fondo con fotos vuestras y mensajes especiales justo a medianoche para arrancar su día con emoción.
Envía una serie de fondos con frases bonitas. Cada vez que coja el móvil, tendrá un pedacito de tu corazón.
Sorpréndele con un vídeo fondo premium que le recuerde lo mucho que le quieres, programado para su zona horaria.
Cada mañana, mándale un fondo que ilumine su día con frases, emojis y stickers animados con toda la buena energía.
Burgos · ella con entrevista de trabajo en Copenhague
Priscila llevaba tres semanas preparando la entrevista. Rodrigo le había hecho el bocadillo, le había planchado la camisa, le había dicho todo lo que tenía que decirle. A las 11:04 del día de la entrevista, Priscila esperaba en el vestíbulo de una oficina con ventanas de tres pisos de alto. Cogió el móvil por ansiedad. En la pantalla de bloqueo vio una foto de ella cocinando que Rodrigo había hecho sin que se diese cuenta el fin de semana pasado, con una frase escrita encima: sé que lo vas a hacer increíble, y si no también te quiero. Priscila se rio sola en el vestíbulo. Entró a la entrevista con la cara cambiada. Una semana después le dieron el trabajo. No fue por el fondo, pero también fue por el fondo.
Lyon · una discusión grande por WhatsApp a la hora de comer
Habían discutido por tonterías pero muy fuerte, con capital letters y silencios largos. Txell estaba en la oficina y Unai en casa, los dos rumiando. A las 13:42, en mitad del silencio incómodo, Unai abrió LockLove y sin mandar ningún mensaje por WhatsApp le dejó un fondo con una foto de una discusión vieja, de hace años, en la que acabaron riéndose, con un texto pequeñito: esta también la hemos ganado. Txell lo vio al coger el móvil para pedir comida a domicilio. No contestó inmediatamente. Pero cuando volvió a casa esa noche le dijo gracias por lo del fondo, y Unai supo que la discusión estaba enterrada. La sorpresa fue el puente, no el perdón.
Amsterdam · llevan siete años · un martes cualquiera sin motivo
No era aniversario. No había entrevista, no había discusión, no había nada. Era un martes gris de noviembre. A las 15:48, mientras Zaira estaba en el metro volviendo del dentista, Ximena le dejó un fondo con una foto absurda del gato con un sombrero de Papá Noel de hacía tres años y un texto que solo decía: por nada. Zaira sacó el móvil en el vagón y se rio sola. Dos chicas que no conocía levantaron la vista. Ese martes entero le cambió el color por una foto de su gato vista a las 15:48 sin motivo. Eso es lo que WhatsApp ya no puede hacer.
Hay una ley no escrita en las relaciones largas que todo el mundo conoce pero pocos saben nombrar: la expectativa mata el cariño. No lo mata con violencia, lo mata con costumbre. Cuando sabes perfectamente a qué hora va a escribirte, qué va a decir el buenos días de los lunes y cuántas veces a la semana vas a recibir un emoji de corazón, el gesto empieza a pesar lo mismo que el timbre del microondas. Ya no te mueve. Ya no te encuentra. Las parejas que duran no son las que mandan más mensajes, sino las que consiguen, de vez en cuando, saltarse el guion.
La sorpresa es la última moneda que WhatsApp no sabe imprimir.
La psicología pop tiene un nombre feo para esto: recompensa variable. Es lo que hace adictivas a las máquinas tragaperras y, por desgracia, es también lo que mantiene vivo el cariño diario. No se trata de sorprender todo el rato — eso cansa y vacía la paleta —, sino de reservar un porcentaje pequeño de los gestos para momentos en los que la otra persona no se esperaba nada. Un martes a las 18:09. Un miércoles a las 20:35. Una hora cualquiera, sin aniversario, sin contexto. El gesto llega, pilla a la otra persona a medio camino entre el metro y la casa, y le cambia el color del día entero.
LockLove existe precisamente porque WhatsApp no puede hacer esto. Cualquier mensaje en WhatsApp está contaminado por sus propias señales: el pop-up, el sonido, la notificación. Aunque tengas el móvil en silencio, la previsualización aparece en la pantalla de bloqueo antes de que llegues. Ya no te pilla. Un fondo de pantalla, en cambio, aparece cuando se enciende la pantalla por sus propios motivos — porque va a mirar la hora, porque va a buscar una canción, porque el móvil vibró por otro aviso. En ese momento, sin previo, lo ve. Sin notificaciones. Sin aviso. Solo magia. Desde Barcelona, con cariño: creemos que ese pequeño hueco de imprevisibilidad es uno de los últimos lugares donde el romance cotidiano se sostiene.
Descarga la app y empieza a compartir amor en cada pantalla de bloqueo.